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“Materiales de resistencia artística” 2018-06-19T21:23:39+00:00

(Diciembre 2017)

Curaduría: Tania Bruguera

Invitados:   Olga Kokenkina, Greg Sholette

día 1/

•  ¿A quién pertenece la Vanguardia?

•  La materia ‘oscura’ artística en un mundo de arte al descubierto.

día 2/

•  Materiales de resistencia artística

día 3/

•  Ciudades creativas y la ‘clase creativa’

• Archivo imaginario

Texto Materia Oscura por Greg Scholette

Diario – Greg Sholette

Viernes 29 de diciembre

Una semana en La Habana en el Instituto de Artivismo INSTAR de Tania Bruguera Pt. 1

Un grupo de artistas entusiastas y maravillosamente comprometidos nos saludó en Cuba la semana pasada (del 19 al 26 de diciembre de 2017) mientras Olga Kopenkina y yo hacíamos presentaciones sobre nuestra obra en el recién creado Instituto para el Artivismo Hannah Arendt de Tania Bruguera. Empecé con conferencias sobre mis antecedentes, el activismo cultural en la Ciudad de Nueva York, incluyendo PAD/D (1980-1988), REPOhistory (1989-2000) y Gulf Labor (2010 al presente), así como conceptos como Dark Matter y arte intervencionista; por su parte Olga habló sobre artistas contemporáneos de Rusia y Bielorrusia y la situación cultural pos comunista (leer más abajo).

El primer día pasó sin problemas, con cerca de diez estudiantes en el espacio de INSTAR y una discusión inicial que giró, principalmente, en torno a las diferencias (o la falta de ellas) entre el arte y el activismo político. Llama la atención que en los EEUU y Europa esta distinción siga siendo una cuestión mayormente académica, mientras que en Cuba, ser percibido como partícipe de cualquiera de los lados de esta división tiene consecuencias reales que pronto descubriríamos de forma directa e inmediata.

La presentación del segundo día comenzó con la pérdida de un cable del proyector, lo cual, en realidad, hizo que fuera más intensa dado que los participantes tuvieron que agruparse en torno a la computadora portátil para ver las imágenes. El ruido proveniente de la calle fue, en ocasiones, determinante y tal apiñamiento facilitó el trabajo del traductor. Después de concluidos el debate y la conversación de esa noche, algunos quisieron asistir a una presentación teatral que estaba programada realizarse en una vivienda del Vedado en La Habana. Tristemente, cuando llegamos al lugar, habían hombres de la seguridad del estado fuera de la casa para impedir la asistencia. Cuando algunos de los integrantes de nuestro grupo intentaron desafiar esta obstrucción de forma verbal y luego con intentos de cruzar la línea, la situación se agravó. Realmente, parecía excesivo dado que el evento era un performance de vanguardia y no una reunión de disidentes. Al final, cuatro personas, entre ellas Tania Bruguera, fueron trasladadas en un carro de policía que apareció un poco más tarde. En medio del barullo, el director de teatro improvisó un performance dramático en la calle.

La mañana siguiente después de desayunar en nuestro sitio favorito (Gusto Ristorante, a unas pocas cuadras) y regresar a nuestra habitación (una modesta casa particular que INSTAR nos consiguió), la dueña de la casa nos entregó unos documentos oficiales que le habían dejado las autoridades y que requerían nuestra presencia en sus oficinas esa misma tarde. A Tania también, le entregaron uno. Llegada la hora, encontramos a un chófer de taxi dispuesto a llevarnos hasta cierta distancia de la Estación de Inmigración y esperarnos para llevarnos de vuelta. Nos sentamos fuera durante cerca de media hora antes de ser escoltados al interior de la estación. Para pasar el tiempo, hice un dibujo del taxi que nos esperaba y de unos trabajadores en una obra cercana.

Tres hombres, uno en uniforme, tomaron nuestros teléfonos (incluso mi antiguo teléfono plegable) y nos ubicaron en una pequeña habitación de color blanco que tenía, al parecer, un espejo de pared a nuestras espaldas y estaba cubierto con persianas. Un hombre interpretaba mientras un oficial militar uniformado explicaba que nosotros no deberíamos asistir a INSTAR o a eventos no oficiales y que no deberíamos pasar tiempo con Tania ni sus estudiantes. Nosotros, puntualizaron correctamente, viajamos con visa de turista. Además, se nos informó que INSTAR no tenía licencia de espacio educacional y que Tania Bruguera no era una artista, sino una figura política. Nosotros puntualizamos que su obra se encuentra en el Museo de Bellas Artes de la ciudad y que ella era bien conocida como artista en el mundo. Desafortunadamente, tal contradicción no pareció notarse. Terminaron la visita/disertación de una hora advirtiéndonos que seríamos castigados y deportados si regresábamos a INSTAR (que es también la casa de Tania).

Nos tomamos el siguiente día libre para dar lugar a más cosas. El día después de nuestra reunión informal con los estudiantes en un lugar a la intemperie en el Paseo del Prado, un bulevar flanqueado por árboles en el centro de La Habana Vieja. Un graznido de pájaros cantores en un árbol cercano sirvió de banda sonora cacofónica a los momentos en que el atardecer se volvía noche. Algunos teléfonos celulares iluminaban la presentación de Olga en la oscuridad. Para entonces, los pájaros dormían. Esta fue, sin duda, la decisión más firme que todo el viaje, ya que los artistas cubanos mostraron mucho interés en saber cómo se trataba a sus contemporáneos ya no socialistas de Rusia y Bielorrusia. Olga habló del trabajo de Petr Pavlensky, Pussy Riot y Viona.

Nuestro último evento de INSTAR tuvo lugar en una galería de arte doméstica e incluyó un taller en donde se animaba a los participantes a interactuar ante cuatro esbozos de dibujos animados y a responder «¿Qué le dirías a la Cuba dentro de diez años?».

Mientras esperábamos por nuestro vuelo de regreso hacia NYC, tres hombres se nos acercaron y nos pidieron nuestros pasaportes. Después de habernos identificado, nos escoltaron al área de abordaje general hacia el interior de una pequeña habitación blanca ubicada en un pasillo sin identificación del aeropuerto José Martí.  Uno de los hombres era el mismo oficial militar de días anteriores, solo que ahora no llevaba medallas ni el uniforme militar; también noté que tenía su credencial al revés para ocultar su nombre. Gran parte del sermón de esta vez fue sobre lo mismo, aunque con más intensidad e insistencia en que Tania no era una artista y que ella no debiera relacionarse con nosotros ni con ningún artista fuera de Cuba. Yo comenté que estaba a favor de la revolución, pero que, en realidad, necesita más corazón para aceptar críticas, gesto que, de hecho, haría que Cuba fuera más fuerte ante los ojos de muchos. Olga añadió que sus propios padres, Lilya e Iván, eran ingenieros soviéticos que ayudaron a construir la infraestructura de la Cuba revolucionaria. Las autoridades nos aseguraron con cierto regocijo, ya ellos sabían todo sobre nosotros.

Después de regresar a NYC, supimos que habían arrestado e interrogado a Tania nuevamente y que el estado cubano está tratando de confiscar su casa (la residencia de INSTAR). La presión constante es, a mi parecer, muy cruel e innecesaria para alguien que tiene los ideales de la revolución como su objetivo. Para citar a Fidel Castro en uno de sus últimos discursos “La igualdad de derecho de todos los ciudadanos a la salud, la educación, el trabajo, la seguridad, la cultura, la ciencia y el bienestar; es decir, los mismos derechos que proclamamos cuando comenzamos nuestra lucha.,” Sin embargo, en una sociedad socialista radical, la igualdad de derecho a la cultura no debe suponer solo el acceso al arte que esté certificado por el estado. Después de todo, como Marx había comentado 170 años antes como parte de una de sus raras propuestas para el futuro:

«En una sociedad comunista, donde nadie tiene una esfera exclusiva de actividad, sino que cada cual logra realizarse en la rama que desee, la sociedad regula la producción general y, por tanto, hace posible que yo haga una cosa hoy y otra mañana, cazar en la mañana, pescar en la tarde, pastorear ganado en la noche, criticar tras la cena solo por el hecho de que tengo mente sin tener que convertirme en cazador, pescador, pastor o crítico.»

Aunque ese sujeto idealmente comunista es difícil de imaginar ya que estamos cada vez más rodeados y permeados de una forma desesperada y voraz de lo que Peter Flemming llama “una era del capitalismo de tipo rompe vidrieras y roba,” la arena cultural sigue siendo un espacio donde tal prefiguración no solo debe ser posible, sino exigida, sobre todo en una sociedad revolucionaria pre o pos Fidel.

* * * * *

Lunes 1 de enero

Una semana en La Habana en INSTAR parte 2 o «Corran mis lágrimas, gritó el revolucionario»
Hablemos de nuestras experiencias aquí en La Habana esta semana pasada, Olga.

¿No es un tanto narcisista?

Hemos pedido desayuno para comer fuera en nuestro sitio usual Gusto’s en la calle N, pero nuestros dólares desaparecieron sin esperanza de reposición aquí en Cuba, nuestras comidas son cada vez más frugales. Esta mañana, consiste en una arepa cubana y un «americano» o café con leche para cada una de nosotras. La difícil situación hace que aumente el interés por el contenido de nuestros platos. Aquí sentadas, dos americanas relativamente privilegiadas presas de una lección de ahorro que la mayoría de los cubanos experimenta las 24 horas, los 7 días de la semana.

No, sin lujos. De verdad, creo que la gente estará verdaderamente interesada. Creo que el hecho de haber crecido en el país hermano de Bielorrusia durante la era soviética, hace que la gente aquí pregunte: «¿Qué crees de Cuba hoy?».

Por cierto, tu arepa es diferente a la de ayer. Su color y estructura son diferentes y, quizás, ideológicamente no sea la misma que ayer.

Miro hacia la solitaria arepa tipo crepe con enlazada con gotas de miel. Noto que la miel es definitivamente la misma que antes, con la misma fragancia floral que alivia la atmósfera de La Habana, llena de humo de autos.

¿Quizás, rediseñen sus arepas todos los días probando las posibilidades que ofrece cada lote?

Seguro. Los cubanos parecen ser especialmente listos para reimaginar y reutilizar los limitados materiales con los que cuentan para trabajar. Luego, coincidimos en que esta tendencia es, en realidad, una estética nacional subyacente: el principio del rediseño y la reutilización creativos. Una revelación que hacen posible nada menos que un par de arepas.

Cuando niña, en la URSS de los años 80, el mercado negro fue siempre bastante accesible, puntualizaba Olga. Había esas cosas que no podíamos conseguir por la vía regular; por supuesto, tenían un precio. Pero, aquí en Cuba, la gente no solo tiene un excedente limitado de dinero, sino que ha aprendido a inventar aproximaciones de las cosas que quieren con lo que tienen a mano.

¿Te refieres a ese edificio que vimos en el sector pobre del Vedado, en donde habían pegado un piso de linóleo para darle una apariencia más elocuente? A eso me refiero.

Aunque, tengo que decir, Olga, que esto me recuerda a tu amiga rusa, la artista Vladimir Arkhipov que colecciona objetos improvisados como forma de etnografía de adhocismo.

Sí, existe el rediseño creativo ruso como en todas las sociedades precarias, pero no definió, ni define, la estética nacional (si es que existe), no del modo en que, al parecer, lo hace en Cuba.

Nuestra atención cambia al otro lado de la calle, al imponente Edificio FOCSA. Un edificio de 29 pisos que es el más alto de La Habana. Construido en el año en que nací, 1956, y tres años después de que se iniciara la Revolución, pero también tres años antes de que los rebeldes finalmente derrocaran al régimen corrupto de Batista en 1959, FOCSA se considera un una maravilla de la ingeniería civil. Y, de veras, es impresionante. Ahora mirando hacia arriba con la luz de la mañana, el exterior curvado de concreto del FOCSA atrapa el sol y envía el aire caliente hacia arriba donde una docena o más de tiñosas vuelan en círculo aprovechando la singular termoclima del edificio.

Lo que resulta verdaderamente enigmático desde donde estamos sentadas, es cómo y desde dónde se entra en el edificio, porque, al parecer, toda esa impresionante sucesión de pisos descansa sobre una estructura completamente diferente que no está visiblemente conectada con lo que se erige sobre ella. Pero, al cruzar la calle, descubrimos un gran túnel oscuro que pasa por debajo del FOCSA, flanqueado por tiendas (en su mayoría vacías), cambiadores de divisas del mercado negro (a quien ignoramos); al final, aparece un atrio donde se han ido enraizando gradualmente plantas tropicales.

Nuestro rudo guía nos informa que en algún lugar dentro del FOCSA está el legendario restaurante La Torre, con vistas al Malecón y al Golfo de México. Desafortunadamente, tenemos tan poco dinero que ni siquiera podemos comprar una cerveza.      Al mirar hacia arriba, las tiñosas se han dispersado, desde su alto posadero en la cima del FOCSA se reparten por el resto de la ciudad en busca de comida. Nos retrotraen a nuestras impresiones sobre el carácter cubano.

Creo que hay algo profundo en los cubanos que no recuerdo en México o Costa Rica, dice Olga. Es una especie de pena, pero también respeto por el mundo interior de los demás y cierto aprecio por los placeres y lágrimas de otros ciudadanos.

Sé a lo que se refiere, aunque parece una consecuencia rara para un país socialista.

II

Una sugerencia de un artista americano Terrance Gower nos remite a visitar la embajada de Rusia en La Habana. Por casualidad, el chófer que nos encontramos cerca de donde nos quedamos, nos lleva a una vieja limusina Chaika de la era soviética. No es un recorrido muy largo por el Malecón hasta la zona de Miramar, en donde se encuentra el edificio cerca de otras embajadas. Nuestro chófer nos espera mientras nos bajamos para mirar más de cerca. Fue diseñado en 1985 por Aleksandr Rochegov quien luego recibió el premio Arquitecto del Pueblo en 1991.

Al llegar, Olga habla primero.

Parece como un híbrido brutalista constructivista, ¿no?

Después de un par de clics de cámaras, los guardias que nos vieron insistieron en que no tomáramos más fotografías. Obedecimos. Directamente al otro lado de la calle está la más humilde embajada de Bielorrusia y hago una foto de Olga parada frente a ella para mostrársela a sus padres.

IV

ESTUDIO ABIERTO, dice la puerta del lugar donde nos esperan los participantes de INSTAR el lunes 25 de diciembre. Proveniente de unos altavoces ocultos, se escucha, de fondo, la música de Led Zeppelin de sus primeros discos. Por el momento, la discusión que se suscita conduce de inmediato a la conversación favorita de los artistas cubanos: cómo los de afuera perciben a Cuba.  La conversación también se centra en la muerte reciente del líder revolucionario Fidel Castro el año pasado.

En mi provocación de apertura pregunto: ¿Cuando papá no está en casa los niños y niñas expresan sus verdaderos sentimientos sobre él, ¿no? Pero me pregunto: ¿Quién será el nuevo padre cuando termine el motín?

Sí, por supuesto, todos deberíamos ser huérfanos, pero en los EEUU de la década de los 60, los jóvenes rechazaron en masa la cultura de sus padres. No obstante, nadie se reveló contra una sociedad «yo» orientada al consumo que nos ha aislado tanto a pesar de la aparición de los teléfonos celulares, las redes sociales e Internet.

En Rusia, añade Olga, también perdimos a los papás a principios de 1990, pero con el tiempo Putin y los oligarcas tomaron su lugar.

Hmm…¿Entonces, el capital se está convirtiendo en el nuevo papá después de Fidel? Y en ese momento es que cuando pregunto: ¿Qué le dirías a Cuba de dentro de diez años? [Consulte la publicación anterior en el blog para leer algunas respuestas.]

Sin embargo, prosigo, lo que parece más ausente hoy entre los artistas no es la ausencia de padres (o madres) después de los 60, sino el ya viejo reclamo de futuro. Esta deficiencia es, insisto, el vínculo invisible entre la política de vanguardia y el arte de vanguardia.

Uno de los artistas comenta que la primera vanguardia no siempre se centraba en el futuro, por ejemplo, los dadaístas tenían más interés en destruir el pasado, ¿no?

En ese momento, completo mi transformación de mera turista a «profesor invitado de INSTAR»:

Sí, los dadaístas eran anti-establishment pero también buscaban crear un espacio para que algo completamente nuevo surgiera (¿y quizás esa era la fe del surrealismo en la vida inconsciente liberada?). También, sabemos que los futuristas italianos pedían inundar los museos, todo eso mientras exigían imaginar el surgimiento de una nueva sociedad centrada en la tecnología. Huelge decir que la vanguardia rusa, los constructivistas, productivistas, inginenieristas etc., se embarcaron una colaboración con el estado soviético a fin de diseñar un mundo nuevo para un «hombre nuevo». Pero mucho más oscuro es el mundo del arte con el cual hemos tenido que vivir por décadas nosotros los que estamos a la Izquierda cultural. Si bien quizás seamos más realistas que nuestros equivalentes de hace un siglo, el oscuro «sin futuro» nos muele rápidamente.

Olga añade que la Izquierda ya no produce líderes carismáticos como Che, Fidel Castro o Lenin. Pero, en su lugar lo que surge es el tecnócrata: personas que son más o menos buenas operando la maquinaria social, pero sin personalidad y visión.

De acuerdo, prosigue Greg, solo que creemos que la Derecha ha ocupado esa brecha. Independientemente de las otras cosas que sea el presidente de los Estados Unidos, es incuestionablemente una personalidad populista en gran formato. Quizá, también sea el mejor artista de performance que haya existido. Es difícil imaginarse a artistas vanguardias compitiendo con este hombre.

Silencio

De alguna manera, tenemos que reinventar el concepto de intelectual público. Y esta es la idea que ha emergido como la lección más importante de todo el viaje: ¿Cómo se podría aplicar la estética cubana de reutilización a la tarea de crear una intelectualidad pública accesible vibrante y progresista?

Sí, estupendo, gracias profesora, aunque quizás sea un buen momento para más arepas cubanas?

IV

El último día antes de que regresáramos a Nueva York, los participantes del INSTAR de Tania están muy interesados en mostrarnos su trabajo.

El artista Luis Manuel Otero Alcántara tiene pasión por apropiarse primero de la cultura popular y luego retocarla críticamente para crear un comentario sobre el arte, la política y la vida de Cuba. Como muchos artistas que conocimos, él parece centrarse, sobre todo, en el creciente cambio cubano de la economía socialista al abrazo del capitalismo mercantil. Esta práctica de Détournément (aunque Manuel no empleó este) encaja bien en la estética mayor de reutilización que presenciamos entre la gente en La Habana. Por ejemplo, el artista transformó el trailer de Juego de Tronos, programa de televisión ilegal pero muy popular, en una instantánea apretadamente editada de los activistas políticos cubanos y sus encuentros con la policía.

Le hicimos una pregunta obvia: ¿Cómo él y otros activistas cubanos distribuyen su obra si Internet es casi inaccesible y el estado tiene centralizado todos los medios? Y no olvidemos las situaciones en que las autoridades secretas aparecen para físicamente impedir que se vean obras de arte y performance?

Su respuesta me recuerda la cultura zine en los EEUU cuando mediante el acceso a una fotocopiadora en el puesto de trabajo de alguien se reproducían publicaciones caseras lo cual permitía compartirlas; también aquella práctica similar preinternet de intercambiar música indi en cintas de cassettes producidas en casa. Los cubanos, explica combinan el intercambio de archivos por Bluetooth con aplicaciones de intercambio de contenidos como Zapya. Una vez más, el rediseño creativo debido a la necesidad genera una solución alternativa de autoría colectiva para superar tanto las barreras técnicas como el sistema de medios de comunicación centralizado por el estado.

En otra de sus obras, vemos a Manuel sosteniendo en lo alto una larga mandarria como recreando esa postura de «obreros» del icónico cuadro de realismo socialista. Parado frente a la impecable vidriera de la exclusiva tienda VIP de Giorgio G. en La Habana, el artista parece estar a punto de darle y hacerla añicos y luego, presumiblemente ser transportado por la policía, algo muy similar a lo que se pudo ver en el lugar del performance no autorizado a principios de esta semana [ver la parte uno de miBlog de INSTAR]. Del otro lado de la fachada de vidrio están los estantes y cajas de ropa y artículos de moda, los cuales, nos dice, se venden por importes de 300 veces el salario de un ciudadano cubano.

El tableau vivant del artista parece cuestionar “¿A dónde va la igualdad en la Cuba de hoy?” Y, quizás elocuentemente, la obra de Manuel esté congelada en el tiempo, adoptando la forma de una fotografía tomada de prisa que él llama «“Lo que a Michelangelo Pistoletto no se le ocurrió» («Lo que a Miguel Ángel Pistoletto no se le ocurrió» como respuesta a la exhibición unipersonal del afamado artista italiano en La Habana años antes). El resultado que se anticipa dado el cristal desecho, las alarmas sonando, los policías que acuden y el inevitable encarcelamiento quedan para siempre suspendidos en algún tiempo y espacio que siempre está en otra parte. A diferencia de la cristalina vidriera de la tienda VIP que ofrece a los transeúntes el encanto de los productos de lujo, lo que fuera una obra alternativa del artista en otro lugar sigue siendo difícil de visualizar.

El artista Ernesto Alonso Fernández también usurpa la cultura nacional y la tecnología a fin de comentar áridamente sobre los aspectos de la sociedad moderna cubana.  En el proyecto, rastrea el paradero actual de sus compañeros de clase de secundaria desde más de una década antes. Ambos, él y ellos, asisten a un programa educativo con un plan de aprendizaje acelerado.  Agrupando las fotos de anuario de sus compañeros en una red tipo moderna, Alonso también pone códigos de color a los retratos para revelar que un 70% de ellos han abandonado Cuba y así hace visible lo que considera el escape de cerebros de la Cuba futura.

Otra obra desafía directamente el breve y cálido abrazo (aunque hoy se enfría) que dan los EEUU a Cuba bajo la administración Obama, reproduciendo una fotografía de 1949 de un marine americano orinando sobre la estatua del célebre líder nacional y poeta José Martí en el Parque Central de La Habana. La imagen se hizo «viral» mucho antes de que ese concepto existiera y ayudó a incitar la resistencia a la colonización de los afrentados cubanos. Alonso reprodujo la imagen a modo de volante callejero en 2014, como respuesta a la visita de Obama, la primera de un presidente norteamericano a la Cuba revolucionaria, con las palabras «Perdono, pero nunca olvido» al pie de la página y, luego, prosiguió a pegar ilegalmente estos panfletos en las calles. Posteriormente, intentó grabar la respuesta del público documentando la velocidad con la que estos volantes eran hecho pedazos por los residentes, las autoridades u otras personas.

Algunos otros artistas también compartieron sus proyectos con nosotros dentro del modesto estudio a la altura de la calle devenido galería de arte (el cual también era ilegal, según nos informaron posteriormente las autoridades cubanas, y no deberíamos volver a visitar).

Martha Iris Péres Santanda presentó una serie de autorretratos en fotografía en la que lentes distorsionantes fracturaban su cuerpo en formas coloreadas que aludían a los lienzos abstractos de la década de los 50. Sus obras más recientes asumieron un tono más oscuro al incorporar implementaciones de sometimiento y tortura, aunque aún se mantenían en el paisaje abstracto. Su uso de métodos que demandan poca técnica (tirar fotos a través de cristales con matices) vuelve a iterar la estética de la reutilización y la reinvención que encontramos reflejada en otros aspectos de las calles y la vida cotidiana de La Habana.

Mucho más explícitos y perturbadores son los dibujos y grandes fotografías del sito http://yuriobregon.com/de Yuri Obregón Batard los cuales combinan imágenes de BDSM con vistas de La Habana que incluyen La Plaza de la Revolución (el mismo lugar donde Tania Bruguera hizo el performance Susurro de Tatlin #6 en 2009 https://vimeo.com/21394727 y donde posteriormente fue arrestada en junio de 2015 mientras asistía a un acto político de activistas mientras hacía investigaciones para el Instituto Hannah Arendt el cual se inauguró ese mismo mes).

Cabe destacar que muchos de los artistas que conocimos no eran graduados del famoso sistema educacional de Cuba en el que se incluye el Instituto Superior de Arte (ISA) al cual asistió Tania Bruguera antes de ir a SAIC. Cuando este hecho se suma a la osada, a menudo socialmente crítica o absolutamente sexualizada naturaleza de las prácticas de estos artistas, el resultado tiende a ser, como pudimos constatar en directo, una reprobación por parte del aparato cultural estatal, en ocasiones al extremo en que un artista, Tania como caso en cuestión, se convierte en persona non grata.

Uno de los artistas más exitosos que nos encontramos fue Leandro Feal Bonachea, graduado del ISA y de algunos otros prestigiosos programas de formación de Cuba, incluyendo el primer experimento pedagógico informal y no oficial de Bruguera  Arte de Conductaa finales de la década de los 90. Los agridulces diarios fotográficos en blanco y negro sobre la vigorosa, y a veces ordinaria, vida nocturna de La Habana, sus retratos directos de ciudadanos y su fascinación por la historia de la fotografía desde la tradición revolucionaria cubana hasta la oscura documentación granulosa de los residentes de East Village en la década de los 80, nos definió la curiosa mezcla de nostalgia ira, tristeza y esperanza que se movía por nuestros encuentros en La Habana como una cuerda roja y oscura.

IV

El martes 26 de diciembre, regresamos a Inwood en «Manhattan Alto», como le llamo, aunque es solo otra isla que ahora está a solo tres horas de Cuba. Nuestra primera experiencia de reentrada es el repentino descenso de la temperatura. En retrospectiva, al margen de los interrogatorios y los problemas de dinero, hay tres cosas que, a mi modo de ver, contrastaron esta semana pasada en La Habana con respecto a mi primer viaje en 2000.

Primero, la aparición de publicidad de teléfonos celulares y otros productos de lujos. Estos anuncios son aún bastante escasos y muchos se encuentran en interiores o cerca del aeropuerto. Pero hace casi dos décadas estos espacios públicos eran exclusivamente dedicados a imágenes del Che, Fidel y el Partido.

El segundo cambio notable es que, esta vez, la gente se veía mejor vestida y alimentada.  En 2000, el país aún sentía los efectos del colapso de la Unión Soviética y de la pérdida de la ayuda financiera y material. El embargo de los EEUU había desgastado la población. Recuerdo la gente caminando sin zapatos y todos bastante delgados (aunque sus dientes, a diferencia de los míos, notablemente buenos, algo que atribuí a la excelente e igualitaria atención médica cubana).

Esa sensación de más abundancia también me conduce a mi observación final: la presencia de basura en las calles y los parques. Hace diecisiete años, me impresionaba la ausencia de desechos, algo muy diferente a la ciudad de Nueva York. Atribuía esta limpieza a la falta de productos empacados, lo cual no deja nada que tirar sino que se reutilizan los materiales como decíamos antes. Sin embargo, esta semana pasada, me sorprendía la frecuencia con que volaban bolsas plásticas, los envases de poliestireno entre arbustos, las latas vacías de soda en las escaleras, las aceras o detrás de los pedestales de monumentos. Quizá, Cuba y Manhattan se estén pareciendo más de lo que se pueda pensar, aunque no en lo que uno quisiera.

El día después de que regresáramos a NYC, recibí la terrible noticia de que mi viejo amigo Tim Rollins había muerto (manténgase en contacto para ver próximamente un blog sobre su obra). Por Deborah Bruguera, quien vive en Italia, nos enteramos que Tania había sido arrestada e interrogada por las autoridades después de que saliéramos de Cuba.

Sin embargo, no es un patrón del todo nuevo para ella y otros artistas en el panorama artístico cubano. La artista «se porta mal». Los funcionarios del estado la detienen e interrogan. La artista es liberada y el ciclo se repite. Hasta que comencé a reunir materiales para esta publicación de blog, no recordaba que había escrito sobre la instalación de Tania «Sin título» para la Bienal de La Habana. Esta fue la obra que fue cancelada por las autoridades poco después de su inauguración, supuestamente porque se reproducían imágenes de Fidel cerca de hombres y mujeres sentados desnudos en un pasillo muy oscuro cubierto de cañas de azúcar en la Fortaleza de La Cabaña. Es como Kurt Vonnegut escribió en su novela que ha cambiado tiempos «Slaughterhouse-Fin». (Haga clic aquí para leer un fragmento de mi cobertura de la Bienal en la publicación Afterimage: Afirmación de la clase de curaduría.)

Y otra cosa que descubrí al llegar a esta isla: Afterimage, revista cultural en cuyas páginas publiqué mis primeros trabajos de crítica, va a quedar sin fondos después de 45 años en activo y probablemente cerrará.

Y así las cosas.

CONVOCATORIA

(AUDIOVISUALES)

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