UN TALLER CON MI FAMILIA

 

Tania Bruguera quiere que tú impartas su taller la semana que viene, me dijo el documentalista Eliecer Jiménez, familia mía. De repente me vi en un apartamento de la calle San Ignacio, en la Habana Vieja, donde habita el artista Lester Álvarez, familia mía. Y entró la Bruguera, rubia e impetuosa. Yo nunca había visto a una persona que exhibiera en el MOMA, en la Tate Gallery. Según otros amigos que creo yo que son familia mía, se trataba de un personaje demoníaco, que había alcanzado de cualquier manera esos lugares en donde a tantos les gustaría medrar. Entró, se sentó, habló, y fue familia mía. Como tenía que ser.

El Jueves por la tarde en casa de Tania en Tejadillo –nunca mi Habana Vieja fue más íntima, más mía- comencé mi charla sobre Poesía, arte y cívica en Cuba, con un microperformance en la que huía de Tania. Sí, le tienen miedo, y aunque estábamos en el patio, desde los pisos superiores nos contemplaba un público que no quería entrar por la puerta abierta y sentarse. Un glorioso fotógrafo joven estuvo a punto de tirarles una plancha, pero gracias a Dios no lo hizo. Varela el violinista, Céspedes el poeta y traductor del latín, letrista iniciador de la trova cubana, Amalia Simoni la intérprete de Verdi en el Teatro Principal de Puerto Príncipe, los miembros de la Sociedad Filarmónica de Camaguey que se fueron en masa a la manigua, los tres poetas políticos con que comienza nuestra poesía del XX –Poveda, Boti, Acosta-, Villena el metafísico extraviado en el treinta, el maravilloso elenco de hombres de la política que fueron ejemplos de sensibilidad hacia la literatura y el arte, y de los creadores que a su vez fueron modelos de cívica y de actitud política, pasó antes nosotros para hacernos ver que Tania no es alemana, no es yanqui, no es canadiense, es miembro de esta tradición cubana de relación entre la poesía, el arte y la cívica, en busca de la mejor política posible, que es el arte de hacer felices a los hombres, según Martí. Yo estaba feliz con las intervenciones del público, de altura intelectual y sinceridad perfecta. Al final parecíamos colgados del cielo. La alegría, en nuestra patria, es una fuerza cívica.

El Viernes comenzó con la noticia de que por culpa nuestra habían cerrado el bar de la esquina. No sé si hubo la previsión de que los decididos alcohólicos se incorporaran al taller. Pero no estábamos planeando ninguna sublevación. Nos emborrachábamos con la actitud de Guy Pérez-Cisneros, un hombre fino del arte y la diplomacia que tuvo la iniciativa de crear la Declaración Universal de los Derechos, inspirado por José Martí. Tuvimos que considerar a Martí, el hombre máximo de la poesía, del arte y de la cívica en Cuba, que creó esa fórmula de nuestra democracia: con todos y para el bien de todos, con que terminaba el discurso de Guy en Naciones Unidas el 10 diciembre de 1948. Y estudiamos al líder Martí, cumbre de la relación entre poesía, arte, cívica y política en Cuba, como creador de un Partido de democracia impecable. ¿No sería bueno que el futuro Delegado de la Patria, el presidente o presidenta o ejecutivo nacional tuviera que elegirse año tras año en elecciones libres, como hizo el delegado Martí para eliminar, explícitamente, hasta la más mínima posibilidad de autoritarismo o dictadura? El maestro Ángel Santiesteban se sumaba a la pasión martiana: los jóvenes le secundaron con sinceridad. Solo había que lamentar la ausencia de los hombres del bar.

Es peligroso, pensé, en Sábado Santo, cuando Cristo está en el sepulcro y parece que ha muerto la esperanza, visitar a un enfermo. Bueno, en mi infancia se decía Sábado de Gloria… Sé que el poeta Rafael Alcides es un duro, como Santiesteban el ángel, pero aun así, puede parecer poco delicado. Otra vez confié en mi familia y me senté junto al poeta, casi sin voz y lleno de lucidez y de coraje.

Es un Sábado de Gloria, dijo de repente Alcides.

Podemos confiar, dice el pulóver que visten los muchachos de Tania.

Confía, cubano, en Tania Bruguera.

Confía en la poesía y la cívica de Rafael Alcides.

Confía en tu familia.

Ten fe en la Semana Santa.

 

Rafael Almanza.

Pascua, MMXVIII.

 

No me canso de amar.

No me aburre mirar el mar.

Yo sé que tú prefieres otros modos, otros gustos

Yo sé que te ha escogido el disfrute de ti mismo, la indiferencia inevitable,

Sentarte en el Malecón dándole la espalda al mar.

El mar viene de frente, humilde o furioso,

Pero tú eres listo y les das la espalda al mar.

Yo le doy la espalda al mar

Para que me empuje hacia a ti, hacia la realidad que por él yo amo

Y por eso siempre estoy mirando el mar.

Yo no miro el mar en Miramar.

He mirado el mar en Miramar en vacaciones, como si el mar fuera mi lar.

El lar del mar es mi mirar.

Por doquiera que mire miro el mar.

Por eso le doy la espalda al mar y me tiro contra ti como el arrecife que eres

Como la piedra sin redención que voluntariamente eres

Y me rompo en espumas de pureza, y te empiezo a arruinar.

No me canso de amar.

No me aburre nadar el mar.

Y en este odio yo digo: me gusta, me enciende amar

Fuera de la cama, en los disturbios del universo

Que están en la guerra del más acá.

¿Te has colado en el espejo para copular de verdad?

No me atrae el deleite bidimensional.

Como no me canso del mar me gobierna un hambre de gusto

Que yo sacio por aquí y por allá

Sin cesar.

Ninguna insatisfacción si veo el mar

En ti, en un albarrobo desmedido, en la caridad que le doy al pobre,

En el malecón sin La Habana, en unos habaneros geniales sin ciudad

─Y en una Ciudad del Mar instalada sobre el mar.

Miro el mar en Miramar para ver en el mar

La mar de complacencias, para el gusto de ver

Lo que hay que mirar.

¿Y si miro y veo y amo tengo que reducirme a esas angustias

De no ver en el mar lo que hay en el mar?

¿Y luego no actuar?

¡La muerte por nadar!

¡Ninguna vida sin nadar en el mar!

Tú me cierras la puerta que da al agua en movimiento.

Tú no construyes conmigo la Ciudad.

¿Y qué? No me canso de amar, ni podrás nunca

Evitar que yo entre al mar sin el mar.

Pues de los gustos del universo que tú habitas negando

Yo he sabido escoger, o me eligieron por fortuna, el gusto de los gustos

Sin cansancio, sin demora, sin piedad:

 

Ahora mismo

Me place amar.

 

                                                    A Tania Bruguera