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Cuba ha pasado de ser un país socialista a ser una corte.

En las cortes lo que más se valoraba era la fidelidad al rey, el rey significaba vida, mantenerse con vida. La vida en las cortes tienen dos acepciones: la vida social y la vida como tal. En una corte ambas tienen un valor bastante similar, pues para aquéllos que salen del círculo protegido que constituye la corte, es ésta una manera de morir. En una corte el privilegio se cuenta en gramos de vida. Pero el valor de cada gramo aumenta con el tiempo, la fidelidad se convierte en cotidianeidad y con ello en la anulación de un criterio propio. La corte transforma ética y principios en oportunidades e indiferencias. La corte se vuelve un teatro.

Hoy más que nunca es apetitoso ser parte de la corte en La Habana, porque por la primera vez esta cercanía puede asegurar la entrada al VIP internacional (que ya no es ser parte de la intelligentsia de izquierda sino del glamour vanidoso estilo Chanel y de los magnates inversionistas), es esto lo que ha cambiado y lo que suena apetitoso para muchos: poder entrar en otras cortes allende los mares. Mientras más tiempo se está en la corte, más abstractos y ajenos se hacen los conceptos pueblo y nación (quizás, lleguen a ser en algún momento conceptos que den tanto miedo como en la corte francesa vísperas de la Revolución).

Conozco a muchos que decidieron estar cerca del poder (o en el poder) porque pensaron que así podrían cambiar las cosas en Cuba, pensaban que así servían a su pueblo y a su país pero en la mayoría de esos casos quienes cambiaron fueron ellos. Me entristece porque algunas son personas inteligentes y valiosas que se han convertido en defensores de sus privilegios personales y lo saben. La mejor manera de controlar a alguien en este país es hacerle sentir vergüenza de sí mismo para que de este modo se den el permiso de perder la vergüenza.

Querer que Cuba sea mejor no es trabajo exclusivo de quienes están en el poder (o cerca del poder), es el derecho de todos aquéllos a quienes les duele el país y eso, no debe tener un precio.

Desde wifi en la calle 23,

un beso a todos,

Tania Bruguera

La Habana, 30 de mayo del 2016

 

Cuba has gone from being a socialist country to a Court.

At Court, the highest regard was given to loyalty to the king, the king meant life, to remain alive. Life at Court has two meanings: social life and life itself. Both have fairly similar meanings, since leaving the circle of protection that constitutes Court, meant a form of dying. At Court, privilege is reckoned in grams of life. But the value of every gram increases over time, fidelity becomes an everyday routine and with it, the annulment of your own judgement. Court transforms ethics and principles into opportunities and indifference. Court becomes theater.

Today, more than ever, it is desirable to be part of the court of Havana, because for the first time this closeness ensures entry to as an International VIP (which no longer means being part of the left-wing intelligentsia, but a part of the vain glamour of Chanel and investor magnates), this is what has changed and what sounds appealing to many: to be able to enter other Courts overseas. The longer you are at Court, the more abstract and unfamiliar the concepts of people and nation become (perhaps, at some point, these concepts may cause as much fear as in the French Court on the eve of the Revolution).

I know many who chose to be near power (or within power) because they thought that may be a way to change things in Cuba, they thought that they could serve their people and their country this way. But in most cases, they are the only thing that changes. It saddens me because some of them are intelligent and valuable people, who have been converted into defenders of their own personal privileges, and they know it. The best way to control anyone in this country is to make them feel ashamed of themselves and by doing so they may give themselves permission to lose altogether their sense of shame.

To want a better Cuba is not a job limited to those who are in power (or near power), it is the right of all those who feel hurt for the country, and that should not have a price.

From the WiFi at Calle 23,

a kiss to all,

Tania Bruguera

Havana, May 30, 2016.